<h1>cuentos urbanos carlos pensa</h1>
   
      Octubre  
         
      por Carlos Pensa  
         
     

     Si el tiempo es un proceso mental, ¿cómo lo pueden compartir miles de hombres?, se preguntaba Jorge Luis Borges. No tengo respuesta. Solamente integro el famoso grupo de los cófrades del calendario durante algunas jornadas en el sistema usado por los humanos para medir ese tiempo.

     Me conocen como esencialmente jovial, luminoso y colorido cuando habito territorios al sur del Ecuador. Soy el mes más largo, gozador de las caricias generosas del sol, pero sin sus agobios agotadores. Mi vecino, el mes anterior, se ufana con los festejos que sólo anuncian la aparición de floraciones entre los vegetales que se muestran repletos de energías, pero todos saben muy bien que el coro completo de la primavera plena existe durante mis treinta y un días. Son momentos para las pasiones ilimitadas y, los poetas por ejemplo, se sienten  saturados de imágenes y emociones inspiradoras dibujando los mejores  versos para cálidos amores. El círculo zodiacal me atribuye, mayormente, la figura de Libra, proponiendo a octubre como tiempo de equilibrios, justicia y armonía;  en verdad les digo que mis características me satisfacen. Todo esto bastaría para sentirme orgulloso de mi linaje privilegiado, pero hay más todavía porque he sido testigo de infinidad de acontecimientos históricos que nunca son olvidados: los memoriosos y los historiadores bien saben cuántos sucesos podría relatar. Aquí van sólo algunos.

     Nací como october, ubicado en el octavo espacio del calendario y a pesar de mi mudanza al décimo lugar, el nombre recordatorio de mi antigua colocación se mantiene inalterado. En el año 1582, durante mi pasantía por el anuario humano, el Papa Gregorio XIII, de la mano de gente sabia, utilizó los días que me componen para dar el salto necesario al ajuste del desacomodado almanaque;  ese año y en octubre se pasó, sin anestesia y por decreto pontificio, del día 4 al día 15, así nomás de la noche a la mañana siguiente. Merece evocación el recuerdo de aquellos quejosos pobladores que sufrieron protestando desconsolados porque les robaran diez días de irrecuperable vida terrenal. También me cupo el honor de ver como la obsesión de Cristóbal Colón se hizo realidad, más allá de lo que él esperaba, aquel día 12 del año 1492. La Revolución Francesa me quiso reemplazar, darme otro nombre, pero Napoleón me volvió a colocar en el sitio que ocupo gallardamente.

     Muchas más evocaciones valiosas podría enumerar contándoles de personajes, hechos grandiosos y miserables, pero lo haré en la próxima aparición ya que tiempo es lo que me sobra.

Este texto acompañó el dibujo de la artista plástica Nélida Violeta Grau en la separata Nº 44 de "todo es Cuento" en octubre de 2000.