Neruda, García Lorca y los Juegos del destino  
         
      por Carlos Pensa  
         
     

     Muchos nos han contado sobre la entrañable amistad de los poetas Pablo Neruda y Federico García Lorca y en el transcurso del encuentro “Neruda 25 horas” acto literario que se realizó en efecto durante 25 horas corridas (organizado por La Universidad de Los Lagos de Puerto Montt, Chile, el 15 de abril de 2004) desarrollé el tema acerca de la breve vinculación de los dos escritores mencionados.

     Ni Federico ni Pablo tenían  demasiado entusiasmo por estar en Buenos Aires en el año 1933. Neruda, que ejercía cargos consulares como si fueran becas para poder dedicarse a crear su enorme obra poética, quería alguna designación que lo llevara a Europa, imán de todos los artistas de esa época. García Lorca planteó muchas objeciones para viajar a la Argentina: no tenía ganas de venir a Buenos Aires y estaba cómodo trabajando y difundiendo su creación en España.

     En agosto de 1933 Pablo Neruda asume su función de cónsul chileno en Buenos Aires sin dejar de mirar hacia el viejo continente como su meta principal, donde finalmente iría a ejercer su función diplomática pocos meses después. Federico García Lorca, luego de varias peticiones, obtiene ventajas y comodidades para su viaje, además de  buena paga por la puesta en escena de las obras teatrales y conferencias que brindaría. Sostiene Neruda que Federico llegó para dirigir y estrenar su tragedia teatral “Bodas de sangre” con la compañía de Lola Membrives y que ellos aún no se conocían (1). Acepta venir a la Argentina de manera muy conveniente para él. Llegó a Buenos Aires, en un gran transatlántico (él así lo pidió) en octubre de 1933 quedándose “impresionado por la gran ciudad”. Las personalidades de estos dos nuevos amigos eran bastante disímiles. Todos sabemos de un Federico histriónico, dinámico hasta el descontrol y de presencia arrolladora. Pablo por el contrario fue un hombre más sereno,  pero vivía descontento por su matrimonio y con la burocracia de la cual se sostenía económicamente.  Federico no sabía de problemas materiales y sus padres apoyaban su carrera artística; por el contrario el padre de Pablo se oponía a que su hijo se dedicara a la poesía.

     Por lo que sé, Federico admiraba la obra de Neruda pero este sólo lo veía como “el hombre más feliz que había conocido”. Pablo presenció en teatros de Buenos Aires piezas de Federico y las obras le gustaron. Los motivos y métodos para escribir en cada uno diferían esencialmente. Pablo creaba la poesía con su propia historia vital, era un crítico de la realidad social y ejercía simultáneamente una militancia política activa. Federico manifestó que cuando escribía lo hacía febrilmente, alejado de la realidad (de la cual sí alimentaba sus obras); terminaba su labor “para luego volver a la vida” donde se divertía gozosamente. García Lorca cree en el Duende (distinto de la Musa o El Ángel) El Duende es el soplo de la oscuridad y de la muerte.  Pablo refleja con versos la vida real con propuestas y deseos de mejoría para el pueblo y vivió luchando por otra sociedad. Cuando visité la casa de Federico en Granada, un empleado del Ayuntamiento que hacía de guía en la vivienda y conocía muy bien la obra de García Lorca, a mi pregunta ¿de qué trabajó Federico?, me contestó enfadado: “¡de escritor!”  Pablo por el contrario trabajaba para poder escribir.

     Llegado Federico a Buenos Aires trata a Pablo con gran afecto; rápido se convierten en dos amigos unidos por el amor al arte. En la cena del Pen Club de Buenos Aires el 20 de noviembre de 1933, hecha en homenaje a los dos poetas, ambos se colocaron en diferentes extremos de la mesa y hablaron así:

         dijo Neruda: “Damas”
         dijo Federico: “y caballeros”. Siguieron mezclando las voces y al referirse a quien admiraban: uno dijo “Rubén” y el otro “Darío”. El incansable García Lorca preparó esta puesta en escena con el acuerdo de Neruda. Federico le explicó que sería un discurso al alimón, al estilo de las corridas taurinas: “Dos toreros pueden torear al mismo tiempo el mismo toro y con un único capote: es una de las pruebas más peligrosas (1). Los dos poetas juntos hicieron 10 dibujos en tinta para ilustrar poemas y frases de Neruda. Se trata de una serie de imágenes en la cual la última eran las cabezas decapitadas de los dos en lo que llamaron BROMA A LA MUERTE. Se siguieron viendo en Buenos Aires y el día de la despedida un periodista grabó el diálogo entre ambos escritores.

     Otra vez el destino y su deseo llevó a Pablo, ahora a España como cónsul y allí Federico organizó en la capital un recital en la Universidad de Madrid donde los escritores más importantes de esa época le firmaron un documento que se llamó “Homenaje a Pablo Neruda de los poetas españoles”. Sin duda la labor de Federico fue determinante de todo lo ocurrido en este homenaje. En el año 1936 estalló la Guerra Civil Española y ante el avance del falangismo Neruda sale apurado y temeroso para París.  En agosto de ese año Federico es asesinado por los matones de Franco y otra vez acontecimientos que no dependían de ellos, y que anteriormente  los uniera por lapsos breves, ahora los separaba definitivamente.

     Opino que la amistad de los dos artistas podría haber sido prolongada y profunda pero como se nota en la historia de estos dos grandes de las letras el tiempo les fue mezquino y no les brindó la oportunidad de compartir una vinculación que prometía ser rica en acontecimientos y productiva artísticamente. Los juegos del destino no lo  quisieron así.
 
         
      Publicó revista Polígono de cuentistas y poetas, Nº 26 en Buenos Aires, agosto de 2004.
Publicó revista el Mirador de la Cultura, Nº 2 de Lomas del Mirador, Provincia de Buenos Aires, marzo de 2009.

(1) “Confieso que he vivido” Memorias de Pablo Neruda – Editorial Losada S.A- Buenos Aires 1983-pág. 153/154